Es algo que se lleva en la sangre. Tú escoges tu moto, y te gusta, pero le falta algo. La sangre te hierve, y hasta que no cambias la primera pieza no dejas de encontrarle pegas tontas que creas con la intención de convencerte y dar el primer paso. “Con un nuevo tubo de escape ganaría muchísimo mi moto, que éste parece no acabar de tirar”, ¿te suena la frase? Sí, también vale para los que tenéis un scooter.









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