Maxi Moto Tuning

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Honda CBR 600 -EFECTOPINTURA-

Vie, 04/12/2009 - 10:00 | Textos: Cristina Collell | Fotos: CARLOS COLLELL

Un gran trabajo de aerográfia da el toque de personalidad a esta Honda CBR 600.

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Ficha

Marca:

Honda

Modelo:

CBR 600

Revista:

MAXI MOTO TUNING 83

Como en casi cada número, os mostramos una preparación de las que no llevan nada pero que, al contar con un trabajo muy interesante de pintura, la incluimos en nuestras páginas.

Por estar enamorados de las líneas del modelo original, por no querer jugársela día a día con la Policía cuando la moto se usa mucho, o simplemente por no tener dinero para modificarla como querríamos, son muchas las motos y scooters que, tras llamarnos la atención por su pintura, nos dejan perplejos ante la falta de tuning.

Pero si el diseño es bueno y el artista domina bien las técnicas, el resultado puede llamar tanto la atención como el resto, y éste es un buen ejemplo.

Vamos a conocer el proceso de pintura que recibió este modelo CBR 600 de Honda, muy cuidada y con un motor puesto a punto con elementos sacados de los catálogos de Mikuni y de Edelbrock.

Llamativa pero infravalorada

La pintada suele ser la parte más llamativa de una preparación, a veces por discreta otra por extravagante. Pero a pesar de que conocemos ampliamente cómo se prepara un coche, cómo va el proceso de enfibrado, cuáles son las principales fábricas de partes (aunque aquí nos decantemos más por los artesanos carroceros) o la lista de los nombres que más pegan en el mundo del tuning, poca atención prestamos a los señores de la pintura, que, a no ser que sean los mismos preparadores, son nombrados de pasada en los reportajes.

Sin embargo, una mala pintura puede arruinar un vehículo. Gotas, pieles de naranja, aerografías o combinaciones de colores que no peguen con el aspecto final del vehículo dificultan el reconocimiento de una gran tarea.

49 calaveras, la sección especializada de Lambert One, es la responsable de este proyecto. Como decíamos antes, su principal labor fue prestar atención al proceso, a las temperaturas y tiempos de secado, y a las proporciones de los diferentes componentes, para que el dueño pudiera lucirla satisfecho.

Vamos a intentar explicarlo de manera simplificada. Lo primero una vez desmontadas las placas es limpiar profundamente, desengrasar las superficies y –siendo perfeccionistas– matizar con algún lijador agresivo, tipo Schot Brite. Seguidamente se pasa al sellante y el aparejo. Si habláramos de chapa viva, y lo suficientemente lisa, con un sellador valdría. Como no suele ser lo normal, el aparejo permite que quede un lienzo lo suficientemente liso para empezar a aplicar pintura. Como en el mundo de la fibra, la lija acaba siendo la mejor amiga del pintor, y ya es necesaria desde el principio, tras el aparejo (una lija 800 al agua perfecto), para cualquier imperfección que surgiera a causa de este denso líquido.

Si el color del aparejo es claro ya se pueden empezar a aplicar pinturas de colores normalmente oscuros (aunque esto depende de los pigmentos) como negros o marrones, en otros casos se ha de pasar a incorporar una capa base (normalmente blanco, a veces plata). Finalmente llega el color base que lucirá, en este caso dorado. En este punto son necesarias de 1 a 4 capas (de nuevo dependiendo de cómo estén de cohesionados los pigmentos), sin olvidar que a continuación de cada una de las cuales toca... (sips) lijar. Si quieres tener buenos brazos métete en el sector y verás.

Si hay aerografía es la hora de meterse a ello. Mucho más difícil de lo que pueda parecer, hasta las más sencillas requieren conocimientos, tanto artísticos como técnicos. Mientras que para la pistola son necesarios de 2 a 4 kilos de presión, para el aerógrafo valen la mitad; análogamente la disolución de la pintura tampoco es la misma. Entrar en técnicas de aerografía nos da para un reportaje completo (nos lo apuntamos en la agenda), pero normalmente todo empieza con algunos trazos en lápiz. En esta CBR con el negro se han creado formas, y con otros tonos se ha logrado la sensación de dinamismo.

Después, el último paso es el barniz, que a una primera capa más lijado se suceden otras, las necesarias para tapar los cortes de los diferentes colores (para que no se noten ni pasando la mano) y obedeciendo al nivel de efecto espejo que busquemos conseguir. En los low riders, esos brillantes acabados a veces esconden hasta veinte capas de barniz.

Y si con todo esto aún dudáis de la importancia del color, decidme: cuando la veis en las ferias o concentraciones al lado de la Pink Fantasy (MT 81) o la Orange Sound (MT 80), ¿no la habéis puesto al mismo nivel hasta descubrir que se mantenía de serie? Pues eso.

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